Entre la ilusión y los nervios: comprando ropa de comunión para mis hijos

Este año ha llegado un momento que llevaba tiempo imaginando: la Primera Comunión de mis hijos. Sí, en plural. Aunque son de edades distintas, por esas casualidades de la vida, ambos la harán el mismo año. Así que, desde hace meses, me embarqué en la misión de encontrar la ropa de comunión niños y niñas… y puedo asegurar que ha sido toda una aventura.

La primera vez que entré en una tienda especializada sentí una mezcla de ilusión y vértigo. Frente a mí, una hilera interminable de vestidos blancos, algunos con encajes delicados y faldas vaporosas, y a un lado, los trajes para niños: desde marineros clásicos hasta americanas modernas con chaleco. Mi hija, con los ojos brillando, se lanzó directa a un vestido con mangas de encaje y una corona de flores secas. Mi hijo, en cambio, parecía más interesado en las vitrinas con zapatos y cinturones que en probarse nada.

Probamos varios estilos. Para ella, lo más complicado fue decidir entre un vestido más sencillo y uno con detalles bordados. Al final, se inclinó por la elegancia discreta, pero con un lazo rosa empolvado que le daba un toque personal. Para él, el dilema estuvo entre el traje de marinero y uno tipo chaqueta en color beige. Terminó eligiendo el segundo, más cómodo y fácil de combinar con una corbata azul que le encantó.

Me di cuenta de que, más allá de la estética, había que pensar en la comodidad. La ceremonia durará horas, y sé que los niños no llevan bien la ropa que aprieta o molesta. Así que revisé costuras, tejidos y hasta la facilidad para moverse. También fue importante elegir zapatos que no fueran solo bonitos, sino que permitieran correr (porque sé que en algún momento lo harán).

Salí de la tienda con las bolsas en la mano y una sonrisa enorme. No solo había encontrado lo que buscaba, sino que había disfrutado del proceso con ellos. La compra de la ropa de comunión se convirtió en una experiencia compartida, llena de risas, discusiones divertidas y alguna que otra pose de pasarela improvisada frente al espejo.

Ahora, con todo listo, solo queda esperar el gran día. Sé que cuando los vea entrar en la iglesia, tan guapos y orgullosos, recordaré cada momento de estas compras con un cariño especial.

Este año ha llegado un momento que llevaba tiempo imaginando: la Primera Comunión de mis hijos. Sí, en plural. Aunque…